Decimos ser personas.
Decimos ser maduros.
Decimos tener sentimientos.
Decimos tener muchas cosas,
ser;
pero la realidad somos otras
verdad
falsedad.
Mucho sentimiento tiene el violador:
sonoriza su perversión con terror
agiliza el alma del sentirse culpable
del miserable accidente e inevitable pasado.
Toda una persona es
el asesino que mata por sentirse un Dios;
que en el tiempo la inocencia perdida
abolió el derecho de la eterna bienaventuranza.
Madurez tiene el árbol.
En su fruto cobra la vida;
trascendencia coherente
en el nacimiento anónimo de la vivencia
de la majestuosa y perfecta muerte.
Mucha fe tenemos al sentirnos
bien por hacer algo correcto.
Mas agnóstico el día
en que nace el cáncer,
cáncer cerebral;
por no dejarnos ser personas.
Persona es el que ha errado.
Sublime el que transforma su pasado…
Demiurgo
Omnisciente
Para aceptarlo y amarlo,
y sufrir con gozo la transformación.