El mundo me aburre;
un día como hoy me dispuse a aclarar mi
mente:
Todo comenzó con la limpieza metafísica.
Cuando estuve a punto de partir a mi
realidad inmediata,
devaneo inconsciente del umbral conceptual,
me encontré con aquellos entes
hipocráticos.
Ese perro que soñaba que podía orinar
a la luna.
Me hablo directo a los ojos
y me conto que los toros no pueden mear.
¿Qué le ocurre?
Dijo el ajolote;
si mi jarabe no lo cura
habrá evolución en retroceso,
retroceso en evolución.
¿Desde cuándo le pasa?
Pregunto el cálao rinoceronte;
si mi iris es un dimorfismo sexual,
lo único que me alienta a seguir,
es el arte del sentir.
¿A qué lo atribuye?
Exclamó el camarón mantis;
mi desindividuación me protege de
los dioses,
gracias a mi doble moral limitante de
dudas.
De pronto apareció un grillo en mi
habitación
que cantaba al compás de mi música:
“el somnoliento estado de mi vida, es totalidad pura”.
Ni los versos de aquel poeta alcohólico,
supieron abstraer el secreto abstracto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario