Ni camino,
ni escucho con el silencio.
Las noches de fortuna
acechan mi destello.
Una luna al colapsar,
me conto como era el caminar
con las miradas sobre tu ser.
La paranoia de creer que todos te persiguen.
He vivido la desesperación
de tenerla entre mis brazos;
poder abrasarla y mirarla caminar
ostentosamente inmaculada en gran sobriedad
con sus aires de grandeza.
Que he olvidado como llorar,
quisiera recordar.
Si la tuviera aquí conmigo
lloraría toda la noche.
Pero la dignidad es mi aliada
sugestiona mi percepción sensorial y del pensamiento,
de abstraer la idea subliminal del acto.
La perfección; fantasma de lo ideal
mero conjuro social, son memorias sin recuerdos
de la creación existencial.
Buscando liberarme de las energías: de la envidia, del juicio, la percepción, la razón, de los límites, de la coherencia, de la lógica.
Martes, 31 de mayo de 2011 a las 1:15
